
Yo no soy muy carnavalera. Creo que es la semana de carnaval pero para mi es la semana en la que empieza la Cuaresma! que regalo! 40 días para que el Señor me convierta un poco para ser algo más parecido a lo que Él sueña.
El sábado por la noche volvía a mi casa y me iba cruzando con gente disfrazada. Nada que ver con los llamativos disfraces del carnaval canario o brasileño, ni con los ingeniosos de las comparsas de Cádiz.
No... era otra cosa... Era un desfile de trapos y apañados sacados de algún rincón de casa que arrejuntados y combinados extrañamente entre sí hacían intuir lo que querían representar...
El caso es que me di cuenta de que en realidad nada había en aquellos disfraces de la orginiaria idea de las máscara... no había voluntad de en-mascarar sino más bien todo lo contrario...
Me daba la sensación de que cada persona con la que me cruzaba intentaba, en realidad, mostrar lo que era, lo que quería ser o lo que gustaría poder ser.
Y así fui cruzándome con brujas, ángeles, vaqueros, vampiros, enfermeras, hombres-madre, mujeres-padre, bebés, colegiales, princesas, vedettes... y así un sinfín de gritos que desde el fondo del alma quedaban ahogados en plumas, marabúes y purpurinas...
Y empiezo la semana saboreando esta idea de que las máscaras más que enmascarar nos descubren, o nos descubrimos -nos atrevemos a descubrirnos- escondidos detrás de ellas.
Feliz lunes!
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De Colores