jueves, 11 de julio de 2013

Cumplo mis votos y quemo mis naves

Traigo esta canción que sólo he encontrado en su versión original en inglés. Estoy seguro de que pronto "alguien" será tan amable de traducirla entera.

La he escuchado este fin de semana y me retumbaban dos frases

"Cumplo mis votos sin vacilar
Quemo mis naves no hay marcha atrás."


Pensaba en mis votos matrimoniales. En mi promesa de entregarme sin reservas y en cómo ese "sin reservas" pasa por "quemar mis naves" (o mis puentes en inglés)

Pasa por no dejarme a la espalda posibilidades de volver atrás.

Sólo así, lucharé realmente con todas mis fuerzas y todo mi ser en las dificultades.








Though I sleep, my heart is awake

Though It's night, on You I wait


It's been a long night, and I am weary
It's been a long time, and I am hungry
So I'll wait in the stillness again
I'll wait in the quiet again
For when I heard Your voice
When You said my name
When I heard Your voice
My heart it yearned


In the middle of the night
In the middle of the night
In the middle of the night
My heart it yearns


Though You're far away, still I'm here to say
I am Yours, I am Yours
And when You feel so far away, still I am here to say
I am Yours, I am Yours


And I pay my vows, no turning around
I burn the bridges that can't be found


For when I heard Your voice
And You said my name
When I heard Your voice
My heart it yearned
For You.

De Colores

martes, 25 de junio de 2013

Sígueme


"Sígueme"

Pocas palabras tienen tanta fuerza para el cristiano como ésta: "Sígueme":

Sígueme con tus alegrías.

Sígueme con tus penas.

Sígueme con la vida que tienes.......asi como eres y como estás.

Sígueme en medio de la apatía y la rutina.

Sígueme, aún sabiendo, ya que me conoces, que esto es una carrera de resistencia y no de velocidad.

Sígueme, cada día, en el intento.

Sígueme con esa cruz que cargas, sea grande o pequeña.....quizá no eres quién para medirla.....quizá te equivocas midiéndola.

Sígueme con tus enfados, sígueme, porque enfadarse con la vida.....a veces es sano.

Sígueme en tu mediocridad.

Sígueme en tu falta de fuerza y en tus brotes de valentía.

Sígueme cuando construyes un mundo mejor a tu alrededor o cuando estás tan liado.....que todo lo lías a tu alrededor.
Sígueme en el pecado que cometes y en la alegría de reencontrarte y quererte con el Padre.

Sígueme, caéte.....pero no dejes de seguirme.

De Colores

viernes, 21 de junio de 2013

El Síndrome del Baile de Boda


¿Quién no ha ido a una boda y ha alargado la sobremesa disfrutando de la primera copa y ha terminado comentando las escasas dotes de bailes de algunos, la poca coordinación de otros y la total ausencia de vergüenza del padre de la novia dándolo intentando convencer al mundo de que el descendiente directo del hijo de Fred Astaire y Ginger Rogers?

Yo lo hice una vez.

Me senté, GinTolic en mano y, mientras agitaba los hielos en círculos iba comentando:

"Mira Manolita! Lo que se nota que hacía dos años que no salía! que manera de darlo todo!"

"Por favor, Jacinto! ni mi abuelo baila asi!"

"Por Dios! Has visto a Kiko y Piluchi? ¿¿¿Han ido a clase en el hotel de veraneo????"

"Atención a Rigoberto! Tiene que llevar los cascos puestos y estar escuchando otra música!!!!!"


jajajajajaja

Si, si... "jajajajajaja" Y ahora coges a tu marido y te pones a bailar en medio de la pista.

Quién se atreve a mover un sólo pie (de los brazos ni hablamos) con la mera sospecha de que "alguien" puede estar mirando y comentando tal y como uno mismo acaba de hacer hace diez minutos.

Y ahí lo tienes... toda la boda hablando hasta con el cubo de los hielos incapaz de echar ni medio baile. Y te vas a casa con dolor de pies de estar de pie como un pasmarote y además, con dolor de cabeza de tanta tontería como has dicho y escuchado.

He aquí el Síndrome del Baile de Boda.


Muchas veces, casi siempre, cuando criticamos o hablamos de otros, los interesados no llegan ni a enterarse! A nada que uno sea un poco hábil en lo de dar rienda suelta a la sinhueso, sabe hacerlo de modo que, mientras le comentas a tu amiga Cuca lo espantoso del tocado de Pocholi que parece un pavo real, al cruzarse la mirada tu sonrisa le dice: "Qué ideal estás!"

No importa, Pocholi casi nunca se entera y puede ponerse un jarrón a lo Carmen Miranda e ir tan contenta pensado que es la más mona del lugar. Sin embargo, intenta ponerte uno! imposible! En tu cabeza se escucha "Pavo Real, Pavo Real!"

Pues este es el gran peligro de criticar, de hablar mal de otros, incluso, simplemente de juzgar internamente y "despreciar" a los demás. El daño que nos hace a nosotros mismos!

Cada crítica a otro es una losa sobre nosotros mismos. Cada juicio, cada desprecio, es una cadena con con el grillete puesto en las alas de nuestra libertad interior, nuestra paz y nuestra capacidad para atrevernos a ser nosotros mismos.

Es quedarte sentado. Sin bailar.

Por eso, ahora, procuro bailar de las primeras. Me lo pongo todo encima: gafas, sombreros y hasta marabúes! Bailo con mi marido como si fuera Carlton Banks en el último capítulo del "Príncipe de Bel Air".

Sólo así, dándolo todo en los diez primeros minutos, puedo ayudarme a mi misma y no caer en la tentación. Sólo así puedo combatir el Síndrome y quedarme con el baile y la boda!

Así que, señoras y señores música y...

.... a bailar!


De Colores

jueves, 20 de junio de 2013

Sólo por uno... in fretta

Hace días me persigue y me incomoda la "obligación" de escribir aquí... de intentar retomar esto y dejar de guardarme para mi (o por y para lo que sea que me vengo guardando) lo que recibo gratis...


Me martillea en la cabeza ese "sólo por uno"... "sólo por ti"... "sólo por mi"... que cambia vidas y me escuece cuando tengo la seguridad de que, al menos dos, estáis más que contentos de que mis pisadas vuelvan a dejar huella, o al menos marca o rastro...

Y, aunque pueda alguien pensar que muy "in fretta" no he estado, que me he hecho de rogar, que me he callado tanto como he vivido en estos años -porque esta ausencia se cuenta por años- así ha sido, por algo habrá sido... o no... quien sabe!

Vuelvo con una homilia de este Papa que cada día me gusta más! Está en italiano pero se entiende, y quien algo no entienda que pregunte que entre unos y otros contestamos...

Es a unos niños que recibían la Primera Comunión.

Cómo nota previa aclaratoria que yo también recibí "in fretta" puede traducirse como "con prisa" "apresuradamente" 

Espero vivir un poco más "in fretta" y obedecer con más docilidad y generosidad a esos soplidos que me mueven y que no son sólo para mi.
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De Colores

jueves, 15 de marzo de 2012

Te prometo



Sé que mis hormonas contribuyen a las emociones a flor de piel pero este video me ha conmovido por la SINCERIDAD

Hoy en día, en el que la palabra de honor queda relegada a las películas de espadachines y duelos, en estos tiempos en los que la palabra dada tiene el mismo valor que la que escribe en una barra de hielo en agosto, me ha impresionado la sinceridad auténtica. La que huye de intentar vender motos sin caer en el desánimo ni el catastrofismo.

Veía el video y me iba dando cuenta de que la diferencia está en quien hace la promesa... Quien hace la Promesa...

Uno es capaz de atreverse a todo, de apostar el todo por el todo cuando Quien promete es la Promesa, cuando da Su palabra la Palabra...

Y como suelo pasar por aquí de puntillas y no digo ni palabra... pues al menos comparto algo de lo que me sigue moviendo y conmoviendo... porque para lo que os lo preguntáis... sigo viva... más viva que nunca ;-)

miércoles, 22 de febrero de 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2012
«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
(Hb 10, 24)


Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad.

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16). 

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad.

Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede

viernes, 10 de febrero de 2012

anda... Levántate y anda!




He intentado resaltar algunas frases... y todo terminaba en negrita...
He intentado subrayar lo más importante... y al final... La Palabra de Dios y Él ha subrayado a Su instrumento
He intentado hacer algún comentario, aportar algo, compartir algo... y sólo puedo decir AMÉN y GRACIAS


anda... Levántate y Anda!

Sol-Fe-Ando

No tengas miedo
tú no te rindas
no pierdas la esperanza.

No tengas miedo
Yo estoy contigo
en lo que venga… y nada
puede ni podrá el desconsuelo
retando a la esperanza

anda… levántate y anda

No tengas miedo
no desespere
no pierdas la confianza

No tengas miedo
Yo voy contigo
a donde quiera que vayas

No dejes que envejezca un solo sueño
cosido a alguna almohada

anda… levántate y anda

No tengas miedo
Yo te sujeto
sólo confía y salta

No tengas miedo
voy a cuidarte
te alzaré cuando caigas

Siempre puede empezar de cero
Yo lo hago todo nuevo

anda… levántate y anda

Tú eres mi sueño y mi causa
no pienses que voy a dejarte caer
voy a despertarte y estaré a tu lado
para que cada día sea un nuevo renacer

Y para que tengas vida!... anda! Levántate!



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