lunes, 29 de julio de 2013

Cómo mira El que ve...

Recupero esta entrada para ti... y para invitar a todos a ver la imagen de otra manera... Dios niño mirando al que se acerca a Él... seas como seas...

Olvidemonos de nuestro monstruo y disfrutemos del inmenso Amor con el que, Quien nos ama, nos mira.




A veces cuando el miro al mundo me siento así, como si estuviera frente a un monstruo.

Un monstruo que más que miedo me da tristeza y me duele... me duele lo que veo y no sé qué hacer frente a lo que me enfrento.

Todo va muy rápido y a mi no me dan ni las piernas ni el alma para dar zancadas tan grandes.

Tengo la sensación de que todo pasa, le pese a quien le pese -lo que pese-, y sin que pase nada... o eso parece...

El caso es que hoy, pensando en este "monstruo" he comprendido que, como los que me asustaban de pequeña en el tren de la bruja, no son para tanto...

Llevan caretas duras que endurecen la expresión hasta que asustan y peluca de mentira para esconderse y que dé más miedo aún...

Hay personas que están enfadadas, viven enfadadas... no es, necesariamente, con quien tienen delante pero eso no importa. Les cabrea el mundo y cualquier habitante del planeta que se cruce se convierte en una buena diana sobre quien descargar sus iras... pero... no es nada personal...

Hoy me he dado cuenta de que todo ese pecado y mal que endurece a veces al mundo, esconde -más bien entierra-, la humanidad.

Debajo de los monstruos hay personas -humanas claro- de carne y hueso, con más o menos heridas y dolores, con más o menos corazas o caretas.

Con los ojos de Quien más ama la humanidad del hombre se puede ver lo que hay debajo (verdad, hermi?) y con amor paciente, oración y confianza, se consigue que los monstruos se atrevan a volver a ser como niños... felices...


De Colores