jueves, 8 de noviembre de 2007

Frente a un monstruo



A veces cuando el miro al mundo me siento así, como si estuviera frente a un monstruo.

Un monstruo que más que miedo me da tristeza y me duele... me duele lo que veo y no sé qué hacer frente a lo que me enfrento.

Todo va muy rápido y a mi no me dan ni las piernas ni el alma para dar zancadas tan grandes.

Tengo la sensación de que todo pasa, le pese a quien le pese -lo que pese-, y sin que pase nada... o eso parece...

El caso es que hoy, pensando en este "monstruo" he comprendido que, como los que me asustaban de pequeña en el tren de la bruja, no son para tanto...

Llevan caretas duras que endurecen la expresión hasta que asustan y peluca de mentira para esconderse y que dé más miedo aún...

Hay personas que están enfadadas, viven enfadadas... no es, necesariamente, con quien tienen delante pero eso no importa. Les cabrea el mundo y cualquier habitante del planeta que se cruce se convierte en una buena diana sobre quien descargar sus iras... pero... no es nada personal...

Hoy me he dado cuenta de que todo ese pecado y mal que endurece a veces al mundo, esconde -más bien entierra-, la humanidad.

Debajo de los monstruos hay personas -humanas claro- de carne y hueso, con más o menos heridas y dolores, con más o menos corazas o caretas.

Con los ojos de Quien más ama la humanidad del hombre se puede ver lo que hay debajo (verdad, hermi?) y con amor paciente, oración y confianza, se consigue que los monstruos se atrevan a volver a ser como niños... felices...


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De Colores

3 comentarios:

AliLois dijo...

Jo, Ainho!! Le doy gracias a Dios por tí, por ayudarme a mirar detrás de la careta de tanto mounstruo con ojos de niño. Me gusta mucho Tu Blog. Te quiero un montón!

Jevita dijo...

Verdad, hermi!... volver a ser como niños!. Te doy las GRACIAS por este regalo, sabes bien lo que significa para mí. De Colores!

silghs dijo...

Es la primera vez que leo un blog. Lo que hace estar ociosa. Me ha encantado el comienzo: lo de que ver al mundo como un monstruo te duele, porque en realidad nos duele a todos. Lo dijo el Papa en el mensaje de invitación a la JMJ: El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”