viernes, 6 de febrero de 2009

Lo que cuesta la cuesta



Termina el mes de enero y me llama la atención lo poco –poquísimo- que he escuchado hablar de la cuesta de enero este año. ¿Será que este año no ha habido? ¿Será que, por una vez, estas Navidades hemos sido responsables y comedidos con nuestros gastos? ¿O es que la crisis ha convertido la cuesta en la orografía normal que venimos teniendo y tendremos?

No sé si febrero seguirá siendo un mes de asfixiante subida o si tendremos un llano, eso si, en el altiplano de elevadas latitudes donde el oxigeno sigue sin ser suficiente para respirar hondo y llenar de aire los pulmones. Lo que sé es que empiezan a resultarme cansinos los análisis machacones y repetitivos que nos recuerdan una y otra vez lo que ya todos sabemos. Echo de menos una ayuda para conjugar realismo con ilusión, sinceridad con esperanza, un respiro para armarse de valor y mirar más allá.

Mientras “los listos” siguen discutiendo de quien es la culpa y pintando de negro el panorama, los curritos de a pie le echamos cariño al día a día y ganas a la “crisis”. Es verdad que se vacían los cines y restaurantes, pero a cambio se llenan las casa, los hogares vuelven a abrir sus puertas a familiares y amigos para disfrutar de las entrañables y económicas partidas de Parchis, Trivial o Risk y, en el mejor de los casos, las consolas y videojuegos nos dejan soñar que somos cantantes y tenistas mientras esperamos que llegue la primavera para poder volver a gastar, sino dinero, al menos la suela de los zapatos.

30 de enero de 2009

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De Colores