domingo, 27 de septiembre de 2009

Sincera




Me gustan las historias de las palabras. Creo que se llama etimología. El caso es que a mi, saber de dónde vienen –las palabras-, me dicen mucho más de lo que por si mismas dicen.

Hace poco me contaban que “sinceridad” viene de sincera: sin cera. Por lo que se ve, en la antigüedad, cuando se rompía alguna pieza de alguna escultura, un dedo por ejemplo, lo reponían haciendo uno de cera en lugar de mármol o piedra. De lejos, no se apreciaba la diferencia pero, obviamente, no es igual. Hoy, nos han llegado las estatuas mutiladas, sin cabezas, sin dedos, sin todas aquellas partes más frágiles y débiles. Entonces, cuando se hablaba de algo auténtico se decía que era “sin-cera”.

¿Cuántas veces sustituyo lo que se me rompe por injertos débiles y nada auténticos que de lejos dan el pego pero al acercarse se funden? ¿Cuántas veces en lugar de decir y asumir que falta un trozo intento reconstruirlo con materiales endebles y efímeros?

Iba un pelín más allá y me daba cuenta de cuántas veces en lugar de decir las cosas como son, “doy cera” (incluso jabón) y con la excusa de no hacer daño dejo de ayudar al otro a ver que le falta algo.

Y no es que la cera sea mala, muy al contrario, con una mecha dentro y un chispazo fuera sirve para dar luz ¡y cuánta! a veces más de lo que me gustaría. Aún así, me propongo usar la cera para hacer velas y alumbrar mi oscuridad aunque eso me lleve a descubrir, de vez en cuando, que a mi estatua le faltan trozos.

La Gaceta de los Negocios 5 junio 2009

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De Colores